
A pesar de su corta edad, Javier Culson lleva varios años tratando de callar las bocas de aquellos incrédulos que dudaron, que nunca creyeron en su capacidad y su talento para codearse con los más grandes. Aquellos que pensaron, y quién sabe si todavía lo piensan, que era imposible que un boricua nacido, criado y formado deportivamente en esta tierra pudiera pelear con los mejores del planeta en cualquier disciplina deportiva, y mucho menos en atletismo.
Ayer, en poco más de 48 segundos, el ponceño de 25 años recién cumplidos, calló muchas bocas y despejó todas las dudas. Ayer, en poco más de 48 segundos, Javier Culson escribió una de las páginas más gloriosas del deporte boricua.
Nunca antes un triunfo había sido tan nuestro, tan histórico, tan inesperado. Si la memoria no me falla, a nivel internacional sólo la medalla de plata de Luis Ortíz en el boxeo durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 tiene el mismo valor que el metal conseguido ayer por Culson.
Sin embargo, Ortíz consiguió su medalla tras caer derrotado en la final; Culson obtuvo la suya tras un final de ensueño, en el que superó a casi todos los rivales que tenía por delante.
Sin embargo, el boxeador consiguió su medalla en un deporte con marcado acento boricua. El atleta logró la suya en una especialidad cuyas glorias habían sido alcanzadas exclusivamente a nivel regional o continental, y con escaso respaldo institucional en temporadas pasadas. Eso hace que su triunfo adquiera una dimensión mayor y ocupe, a mi juicio, el sitial más alto entre las gestas deportivas de Puerto Rico.
La primera vez que vi competir a Culson en vivo fue durante el Grand Prix de Ponce, el pasado año. Ya entonces, comenté para la revista Puerto Rico Sports que su demostración había sido una de las más espectaculares vistas en la Isla en la historia del ateltismo nacional, y apunté a la necesidad de respaldar a quien desde entonces considero el mayor exponente del movimiento olímpico en el País.
En ese momento, Culson y su grupo de trabajo reclamaron mayores y mejores medios para preparar los Juegos Olímpicos de Pekín, ese mismo año. Los recursos llegaron tarde y mal, y el ponceño tuvo que enfrentar las críticas de muchos tras no alcanzar la ronda de medallas en su evento. Hoy, los que dudaron asumen la realidad.
La realidad de que estamos ante la presencia evidentemente del mejor atleta boricua en la historia, y probablemente uno de los más grandes deportistas que haya visto nacer esta tierra.
A sus 25 años, a Culson le queda mucho por aprender y mejorar. La barrera de los 48 segundos ya no parece reto suficiente. Cualquier medalla que no sea de oro parecería menor tras la gesta de ayer. Una gesta fundamentada en un excelente arranque en los primeros 100 metros, y una recta final espectacular, en la que demostró tener, posiblemente, la mejor zancada de todos los especialistas en 400 metros con vallas. Una recta final que confirmó que Domingo Cordero tiene un heredero digno que debe asumir el rol de levantar el deporte del atletismo en la Isla.
Una recta final en la que las dudas, por fin, fueron despejadas.
P.D.: El COPUR anunció que el abanderado boricua durante los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 2010 será escogido por votación popular a través de internet. Esa duda también debería haberse disipado ayer. Nadie ha puesto tan alto el nombre de Puerto Rico.