
Porque aquí parece que no se juega al fútbol excepto cuando juegan los que visten de naranja, o en la liga semi-profesional que año tras año cambia de equipos. El resto brilla por su ausencia, o al menos, eso parece, según el periódico que leas.
Es evidente que, mediáticamente, el fútbol ha alcanzado una etapa de madurez en Puerto Rico que antes no tenía, pero insisto, ¿qué ha pasado con el fútbol boricua?
Pues lo que ha pasado es que este deporte ha caído en manos de personas con intereses económicos, para quienes el desarrollo del fútbol desde las categorías menores no es importante. Son personas que piensan que la escalera se construye desde arriba, sin darse cuenta (qué carajo, sí se dan cuenta, pero no les importa) que dejan un vacío irreparable debajo de ellos. Porque seamos sinceros, ¿alguien dejaría su lugar en las alturas para bajar a construir los escalones que faltan?
Y el problema no es del constructor, o del ingeniero, o del arquitecto. Aquí quien ha fallado ha sido el director del proyecto, el que debe marcar los pasos a seguir. Es evidente que los Guillemard y Pierluisi han tenido éxito en su gestión al frente de los Puerto Rico Islanders, pero que me perdonen ambos, ninguno es gente de fútbol, y su equipo no es el combinado nacional, aunque últimamente se parezcan demasiado.
Es irónico que ambos apellidos, tan relacionados con el movimiento anexionista en la Isla, representen el espejo en el que pretende mirarse la Federación Puertorriqueña de Fútbol en el desarrollo del deporte en Puerto Rico. Un organismo que, no se engañen, no está para promover el profesionalismo, sino para desarrollar el fútbol base y manejar “nuestras” selecciones nacionales.
¿Alguien recuerda la última vez que jugó una selección nacional, de cualquier categoría? O peor aún, la última vez que el combinado patrio estuvo formado por jugadores nacidos deportivamente en la Isla. No me malinterpreten, creo en la globalización y es cierto que la presencia de jugadores y entrenadores del extranjero enriquecen el fútbol nacional, pero no comparto la visión federativa de desplazar a los “de aquí” para dar espacio a jugadores de segunda o tercera categoría en sus países de origen, que pretender sumar internacionalidades vistiendo una camiseta que no es la suya.
¿Por qué no le damos confianza a los nuestros? Llevo muchos años viendo fútbol en Puerto Rico, y algunos más viendo fútbol internacional y puedo asegurar que el nivel de juego en la actualidad no es mejor que el de hace varios años. Equipos como Quintana, Nacional, Caguas, Sporting hacían un fútbol mucho más vistoso que el que vemos con los Islanders semana tras semana. Incluso, en la liga semi-profesional se ve mejor fútbol que el de la Tropa Naranja. Hemos perdido una generación de futbolistas que lo tenían todo para dar la batalla en la región. Alexis Rivera y su generación, todos boricuas de pura cepa, viajaron el mundo con mejores o peores resultados, pero siempre ofreciendo un estilo de juego definido, vistoso, que sólo necesitaba de la confianza, la continuidad y la paz que nunca tuvieron. La misma que sí han disfrutado los “naturalizados” con resultados no demasiado espectaculares.
¿Por qué países con tradición futbolera y millones de jugadores, pero con ligas nacionales de menor nivel que las de Europa, hacen debutar temporada tras temporada a jugadores de 16, 17, 18 años y aquí nuestras promesas, como Andrés Cabrero, hacen las maletas en busca de oportunidades con apenas 20 años y no descartan renunciar a volver a jugar en la Isla?
Tal vez porque Andrés se hace la misma pregunta que yo: ¿qué ha pasado con el fútbol boricua?


A ver si con nuevos jugadores, equipos y ligas también traen de vuelta a los buenos árbitros.
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